MELANIA TRUMP: LA ERÓTICA DEL PODER

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La esposa del controvertido magnate y candidato republicano a la presidencia de EEUU, Melania Trump, ocupa portadas en todo el mundo desde que The New York Post  publicase unas fotos de la ex modelo completamente desnuda, ataviada tan solo con unos tacones de aguja; y otras, de temática lésbica  en compañía de otra modelo. Las imágenes, procedentes de una sesión de 1996 para la francesa Max Magazine, nos hace reflexionar sobre la posibilidad de una primera dama norteamericana que aporta algo inédito -hasta la fecha- a su cargo: Erotismo a raudales.

Desde que Martha Custis Washington tomase posesión como First Lady, un 30 de abril de 1789, la Casa Blanca ha visto pasar por sus entrañas a un total de 46 mujeres unidas por un nexo común: Representar los valores tradicionales de un país con fuertes convicciones religiosas y un marcado modelo familiar.

Mujeres que también han sabido imponer su particular impronta; la clase de Jackie Kennedy, el carácter de Nancy Reagan o la frescura de Michelle Obama son rasgos que han impregnado, de alguna forma, los mandatos de sus maridos.

Pero en el caso de que Donald Trump se alzase con la victoria en su carrera hacia la presidencia, estaríamos ante una primera dama cuya singular belleza es inseparable de un magnetismo erótico, del que no hay precedentes en la historia del cargo.

Desde su fundación como país, Estados Unidos ha fomentado una imagen paternal de sus presidentes; lo que, inevitablemente, va unido a la visión idealizada de sus primeras damas como madres amorosas de la nación. Un ideal que flota en el subconsciente norteamericano y que asoma con fuerza, sobre todo en los períodos más oscuros de su historia. Fue durante el estallido del caso Watergate, cuando el legendario escritor Hunter S. Thompson escribía en su crónica política de Rolling Stone  sobre “lo sucio” de la administración Nixon; algo que Thompson comparaba con la imagen de “escuchar a tus padres hablar de sexo anal en la cama”.

Melania Trump es una rara avis en la escena política yankee. Nacida en un pequeño pueblo de Eslovenia como Melanija Knavs, pronto debutaría en el mundo de la moda, teniendo su primer contrato a los dieciocho años con una agencia de Milán. Disciplina, ambición y un físico poderoso fueron los ingredientes que la llevaron desde su Sevnica natal hasta lo más alto de la moda, llegando a posar para vacas sagradas de la fotografía como Helmut Newton o Mario Testino y apareciendo en cabeceras de la talla de Vanity Fair  o Vogue .

 

melania trump

Ambición que -quizás para su propia sorpresa- la han puesto en el disparadero de la carrera hacia la Casa Blanca, pudiendo ser la primer dama más sexy de cuantas han pisado el despacho oval.

Fue en una fiesta durante la Fashion Week de Nueva York, a finales de los noventa, cuando Melania conoció a Donald. Por aquel entonces, él ya llevaba dos matrimonios a sus espaldas y ella una exitosa carrera en las pasarelas de todo el mundo. En 2005 se darían el ‘Sí Quiero’ en Palm Beach (Florida), en un resort propiedad del imperio Trump. El vestido de Christian Dior de 200.000 dólares, la tarta Grand Garnier de 25 kilos cubierta por 3.000 rosas o la presencia de invitados como el matrimonio Clinton dieron color a un evento que llevaba todas las marcas de la Casa Trump: Exceso, fanfarronería y algo -o mucho- de lujo kitsch.

Un año después, nacería Barron. Hasta la fecha, único hijo de la pareja y parte esencial de esa foto de familia que el magnate quiere impulsar para hacerse con el favor del sector más conservador del bando republicano.

Las últimas fotos rescatadas por The New York Post entran en conflicto con ese ideal de primera dama republicana encarnado por nombres como Barbara Bush o Nancy Reagan. Las perlas y el peinado moldeado de estas da lugar a una melena desenfadada, escotes de infarto y tacones altísimos, encumbrando a Melania Trump como la primera mujer que usa sus armas de seducción y su potencial físico, para apoyar a su marido a convertirse en presidente de los Estados Unidos (es cierto, Jackie también lo hizo. Pero en ella el componente erótico se diluía en una elegancia casi etérea).

La pregunta es si el país de las barras y las estrellas estará preparado para tener como primera dama a una ex modelo sexy en lugar de a una madre y esposa de perfil más discreto.

En Marissa  ya podéis imaginaros con quién nos quedamos.