FOOT FETISH PARTY: EL PARAÍSO DE LOS FETICHISTAS


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Kurt Russell durante una escena fetichista del film Death Proof dirigida por Quentin Tarantino

 

¿Qué tienen en común Giacomo Casanova, Elvis Presley, Johann Wolfgang von Goethe o Quentin Tarantino? Aparte de su genialidad fuera de dudas, todos ellos han confesado su debilidad por una parte de la anatomía femenina: Sus pies.

El propio Casanova -que algo sabía del asunto- dejó dicho que sólo los verdaderos amantes saben apreciar la belleza de unos pies femeninos. No en vano, el gran seductor se educó en una Venecia donde a las mujeres de alta alcurnia no le dolían prendas por calzar sus pies con unos altísimos chapines; quizás, los primeros tacones de la historia.

Pero, ¿qué es el fetichismo? La RAE lo define como una “desviación sexual que consiste en fijar alguna parte del cuerpo humano o alguna prenda relacionada con él como objeto de la excitación y el deseo”. Para el fetichista de pies, esta extremidad es el templo del placer y la simple visión de uno de ellos encerrado entre las tiras de un tacón, puede desencadenar toda una serie estímulos sexuales, de alto voltaje.

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Fotografía de Ed Fox

Ahora, los amantes de este suculento fetiche están de suerte, ya que las Foot Fetish Party han llegado a España. Después de triunfar en lugares como Estados Unidos, Brasil o Inglaterra le ha llegado el turno a la Piel de Toro. Madrid y -¿cómo no?- Barcelona han sido las primeras ciudades en organizar este tipo de eventos en nuestro país, con una ventaja reseñable: Si en Nueva York hay que rascarse el bolsillo para asistir a una de estas parties, en España el placer se antepone al interés comercial, creándose encuentros donde se busca “normalizar” un gusto que aún muchos tienen en el armario.

Uno de las últimas citas para deleite de paladares tan exquisitos, tuvo lugar en la portuguesa ciudad de Porto, como parte de la programación de ErosPorto -uno de los eventos de temática sexual de mayor convocatoria en el país vecino-. Allí, en un espacio reservado y alejado de curiosos, los fetichistas pudieron disfrutar de varias actividades destinadas a complacer sus placeres más lascivos. En Marissa no podíamos con la curiosidad y no hemos parado hasta saber qué reglas imperan en estas fiestas privadas:

  • El pie es el protagonista y los fetichistas -en su mayoría hombres- pueden masajearlos, lamerlos, besarlos, olerlos o chuparlos; siempre de manera consentida y en un ambiente cordial.
  • Aunque muchos se preguntan si estas fiestas son una excusa para organizar una orgía con modelos contratadas para la ocasión, lo cierto es que el espíritu del encuentro es bien distinto: Una gran celebración del poder erótico del pie femenino y de su poder en la sexualidad humana.
  • Como viene siendo habitual en este tipo de fiestas privadas, los móviles y otros dispositivos de grabación están prohibidos.
  • Las tendencias cercanas a la dominación-sumisión no están excluidas en las Foot Fetish Party: Juegos como el trampling (pisar) o la ceremonia de la bajomesa, donde los participantes se convierten en alfombras y objetos de reposo para los pies de las mujeres, son comunes en este tipo de encuentros. En la libertad de cada uno está llegar todo lo lejos que se quiera después.
  • Regla de Oro: El placer es mutuo. Los fetichistas son consumados expertos en el arte de acariciar, masajear y palpar unos pies femeninos. Conocen cada milímetro de la breve geografía de estos objetos de deseo y saben llegar a cada zona erógena con la precisión de un cirujano. Tobillos, puente, empeine, dedos… nada escapa a su maestría.
  • El encuentro también cuenta con una parte artística, donde los participantes que lo deseen pueden estampar su huella en una pintura mural que, al finalizar la cita, se subastará entre los fieles de este fetiche.

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De todos los fetichismos existentes, quizás el de los pies es el más hermoso. Rastreando sus orígenes, nos encontramos con diversas teorías que no terminan de ponerse de acuerdo. Pero si tuviésemos que escoger una explicación, nos quedaríamos con la que da el famoso antropólogo Desmond Morris en su libro La Mujer Desnuda: “Quizás las curvas del pie femenino recuerdan a las propias curvas del cuerpo de una mujer”. ¿No resulta encantador?