PARÍS UN POCO MENOS ERÓTICA

El Museo del Erotismo de la capital francesa cierra sus puertas, después de una vida corta y carismática. Su colección será subastada, pasando a engrosar el catálogo personal de excéntricos coleccionistas, erotómanos o fetichistas ocasionales.

Echar un vistazo a los dos últimos siglos de historia de la Ciudad de la Luz puede ser como hojear un cuento mágico y decadente, con palacios brillantes de oro y mármol, pero también con callejas oscuras pobladas por mendigos, chulos y prostitutas. Una ciudad que jugaba con el lujo, sin perder de vista la pulsión de los bajos fondos. Y en cuya frontera indistinguible, radicaba su encanto magnético

“Lo que me parece más bello de París es el bulevar. […] A la hora en que las farolas de gas brillan en los cristales, cuando retumban los cuchillos encima de las mesas de mármol, voy paseando por allí, apacible, envuelto en el humo de mi puro y mirando a través de él a las mujeres que pasan. ¡Aquí se extiende la prostitución, aquí los ojos brillan!”, escribió Gustave Flaubert en una carta a un amigo. París emergiendo de las tinieblas de Europa como un oasis de luz eléctrica. Pero escondiendo a una Sodoma, una nueva Babilonia… cuando las luces se apagan.

Pocas ciudades en el mundo ofrecieron un espectáculo tan variado de erotismo y placer. Óperas donde caballeros de traje negro y altos sombreros de copa oteaban a las mujeres desde sus palcos; antros de marineros frecuentados por rudos marselleses y casas de lujo para burgueses adinerados. Cervecerías regentadas por mujeres de carácter y delicadas bailarinas del Moulin Rouge, capturadas entre bambalinas por el pincel atormentado de artistas como Toulouse-Lautrec o Van Gogh. Ningún lugar más vivo, más hermoso.

"Baile en el Moulin Rouge" 1889-1890, Henri Toulouse Lautrec.

“Baile en el Moulin Rouge” 1889-1890, Henri Toulouse Lautrec.

Su museo erótico abrió las puertas una tarde de 1998, en Pigalle -barrio caliente de la ciudad-, no muy lejos del legendario Molino Rojo. Sus artífices fueron una pareja de amigos: Jo Khalifa y Alain Plumey, uno coleccionista y el otro ex actor porno; fascinados ambos por la historia del erotismo y la representación que los hombres han hecho acerca del tema, a lo largo de los siglos, en civilizaciones distantes.

Consoladores japoneses, sillas del placer, una pipa fálica tailandesa o una pareja de autómatas franceses del s.XVIII en plena cópula, son algunos de los lotes de la subasta. Una colección nutrida por los constantes viajes de sus mecenas, que adquirieron objetos de los cinco continentes, poniendo a este museo a la altura de los que pueden visitarse en Amsterdam o Nueva York.

Entre las piezas más singulares -y codiciadas- destacan un bajorrelieve de mármol del siglo XVIII, sacado de un templo tántrico de la India, que representa a Vishnu; una hermosa máscara veneciana decorada con motivos eróticos o una impresionante escultura de bronce de 1980 donde una mujer está haciendo el amor con un robot.

 "Silla con pene" pieza siglo XVIII

“Silla con pene” pieza siglo XVIII

Entre los más de 2.000 objetos que saldrán a subasta por la casa de remates Cornette de Saint Cyr, cobran especial interés las fotografías antiguas que capturan ese París de burdeles y perversión. Imágenes de los albores de la fotografía que retrataban, por vez primera, el lujo de los altos salones de caballeros y la decadencia de los antros para rufianes y canallas.

Según los dueños de esta institución erótica, su cierre viene motivado por la decisión del propietario del edificio de no renovarles el contrato de alquiler. Algo que, a falta de un rescate providencial, ha desembocado en la desaparición de uno de los pocos vestigios que quedaban en pie de ese París lúbrico y morboso.

Una noticia triste que desde Marissa Agencia lamentamos profundamente. Y es que cada vez nos lo ponen más difícil para repetir la mítica frase de Rick Blaine al final de Casablanca: “Siempre nos quedará París”.

Imagen interior del museo

Imagen interior del museo