SEXO EN LAS ALTURAS. ¿TE ATREVES?

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Los tabloides británicos -y no pocos periódicos españoles- daban cuenta estos días de una noticia muy veraniega: Vuelo de Ryanair Manchester-Ibiza; el aeroplano atestado de pasajeros y en uno de los asientos, ajenos al mundanal ruido, una pareja se lo monta ante la atónita mirada del resto del pasaje. Has leído bien: Se lo montan. Ella, Tracey Bolton, una británica de 39 años, madre de tres hijos y dueña de una cafetería en Lancaster. Él, Shaun Edmondson, 31 años, chef de profesión y natural del condado de Cumbria, quien acudía a la Isla Pitiusa para una despedida de soltero, dejando a su prometida en casa, embarazada de seis meses, tras seis años de relación. No me negarán que la historia tiene todos los ingredientes de un buen culebrón veraniego. Aunque sus protagonistas ahora lo niegan todo y aseguran que “no pasó nada”, lo cierto es que los videos que circulan por la red, así como las declaraciones de los testigos dejan poco a la imaginación. Pero cabe preguntarse: ¿Fueron estos tórridos hijos de la Gran Bretaña unos pervertidos o es que nos ponen las alturas?

A esta cuestión podrían contestarnos los miembros de la Mile High Club (MHC), “la fraternidad compuesta por tripulantes de cabina, auxiliares, pilotos y algunos pasajeros que han practicado sexo dentro de un avión a más de una milla de altitud (5.280 pies)”, según informan desde su web oficial.

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Esta noble institución fue fundada por el norteamericano Lawrence Sperry (1892-1923). Uno de los nombres inscritos en oro en el libro de la aviación e inventor -entre más de 24 patentes- del piloto automático, del que daría buena cuenta a lo largo de su corta vida. Sperry era una cara habitual en los diarios de la época, donde hacía gala de su imagen de rico y mujeriego, aficionado a las fiestas salvajes. Su primera proeza aérea tuvo lugar en 1916, cuando el carismático Sperry daba clases de vuelo a Mrs. Waldo Polk, una dama de la alta sociedad newyorkina. La pareja sobrevolaba Babylon mientras disfrutaba de los placeres de la carne -y de la enorme utilidad del recientemente patentado piloto automático-, cuando de repente “algo” precipitó la máquina a una caída de 500 pies de altura, estrellándose en el mar, cerca de Long Island. Fueron dos cazadores de patos, que merodeaban por la zona, los que encontraron a la pareja, sana y salva, pero completamente desnuda. El bueno de Sperry acabaría estrellándose mortalmente 7 años después en el Canal de la Mancha. Suponemos que no estaba solo.

Pero su trayectoria no cayó en el olvido, y el gusto por sucumbir al deseo en las alturas ha creado escuela. En su web -y siempre con tono burlón- nos dan algunos consejos para ser miembro de tan selecto club. Entre ellos, se recomienda llamar a la agencia de viajes de confianza y reservar un vuelo sin importar el destino. Eso sí: Que sea uno de esos ‘Vuelos de Ojos Rojos’, que es como se conocen a los viajes nocturnos en la jerga aeronáutica. Otra de las sugerencias es estar alerta para negociar un cambio de asiento con el pasajero que se encuentre junto a la persona deseada. Aunque no caigas en el error de ofrecer tu almohada y la manta, porque con certeza las necesitarás más tarde. Y sobre todo: Es vital que la acción empiece una vez sobrepasados los 5.280 pies de altura, para que la proeza sea oficial.  

Más allá de la socarronería que despachan los miembros de la MHC, lo cierto es que mantener relaciones en los aviones tiene su morbo. Así lo confirman los datos arrojados por el buscador de vuelos Skyscanner. Según una encuesta realizada en su página web, más del 45% de los usuarios admitían haber flirteado en medio de un vuelo. Siendo un 8% los que aseguraban haber ido más allá en sus conquistas.

Famosas son las anécdotas de la galaxia Rock, con nada menos que Mick Jagger y Keith Richards improvisando una orgía en su jet privado, durante la legendaria gira del 69 por los USA. O la imborrable escena de la frenética El Lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2014), en la que Jordan Belfort y sus compinches arman una bacanal en pleno vuelo Nueva York-Las Vegas.

Tal es la fascinación por tener sexo en las alturas, que la empresa de vuelos chárter Flamingo Air, lleva ofreciendo ‘viajes de placer’ a sus clientes desde 1991. Por el módico precio de $495 una pareja puede cumplir su fantasía. El precio incluye chocolates y Champagne, además de una zona habilitada con almohadas en una avioneta privada, donde unas cortinas separan a los amantes del piloto.

Y es que la intimidad, del mismo modo que el espacio, nunca han sido los aliados de aquellos que deciden dar rienda suelta a su pasión en pleno vuelo. Para remediar esta situación, circula por la red un manual de emergencia para tener sexo en los aviones. Con un estilo gráfico que no desmerece en nada al que encontraríamos en cualquier aeronave, esta guía nos ilustra algunas de las mejores posturas para sacar todo el provecho a un coito entre las nubes.

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Así que después de leer este artículo suponemos que cuentas con material suficiente para ingresar de pleno derecho en el club de los copuladores aéreos. Si buscas una compañera de viaje, podemos echarte una mano. Bon Voyage!

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