Mi primera vez con una Escort de lujo

Renovamos calendario y en el blog de Marissa queríamos estrenarnos con algo que nos llegó al correo hace tan sólo unas semanas. Se trata de la carta de alguien que sintió la necesidad de compartir con nosotros su experiencia. Algo que nos hizo tanta ilusión que -con su consentimiento explícito- quisimos compartir en este espacio para todos nuestros seguidores. Ahí va:

El sexo siempre me había atraído de una forma poderosa, desde muy joven. Recuerdo que podía quedarme horas mirando la pantalla del televisor, totalmente hipnotizado, cuando una guapa presentadora daba las noticias o alguna azafata de cualquier concurso se paseaba por el plató con una falda más corta de lo habitual. Había algo mágico en la forma en que se movían aquellas mujeres, la sensualidad y el magnetismo que transmitían casi sin proponérselo.

Después fui cumpliendo años, conociendo a chicas y teniendo mis primeras experiencias. Hubo de todo. Y a pesar de que he dormido acompañado siempre que me lo he propuesto lo cierto es que nunca he sido un tipo afortunado en ese campo. Decepciones, relaciones que desembocaban en el aburrimiento demasiado pronto, tedio, timidez a veces… ¿te suena esta historia?

Aunque siempre he sido una persona muy atrevida e imaginativa en el sexo nunca encontré a una amante capaz de satisfacerme por completo. Hablo de la clase de mujer con la que te sientes totalmente saciado y te hace sentir en el paraíso durante unas horas.

Pero mi suerte iba a cambiar. Y lo mejor: Sin siquiera planearlo. Sucedió un día, mientras navegaba por la red con más aburrimiento que curiosidad. El caso es que una cosa llevó a la otra y acabé en la página de Marissa. Nunca antes había visitado una web de este estilo y decidí echar un vistazo a la sección de modelos. No estaba preparado para lo que me aguardaba: Las mujeres más espectaculares que un hombre puede imaginar. Curvas de infarto, estilismos a la última, cuerpos trabajados al milímetro… algo tan bueno no puede ser verdad, pensé. Con ganas de querer demostrarme a mí mismo que esas mujeres solo existen en las películas y en las fantasías de caballeros con imaginación sobreexcitada, decidí concertar una cita con una de ellas. Su nombre: Carla. Estilista y empresaria, según la información que consta en su perfil, además de resaltar su elegancia y sofisticación. Se quedaban cortos. Carla es sin duda la mujer más increíble que he conocido en toda mi vida. Dulzura, saber estar, estilo… un cuerpo arrebatador y una mirada que puede provocar taquicardia si te atreves a mantenérsela durante más de tres segundos seguidos.

Desde el primer momento que nos conocimos me hizo sentir muy cómodo, sabiendo cuándo llevar la iniciativa y cuándo dejar que yo tomase las riendas. Su conversación me atrapó desde el primer instante y mientras las palabras salían de su boca no podía evitar caer rendido a su olor, el brillo de sus ojos y la sensualidad a raudales que desprendía en cada gesto, por mínimo que fuese. Pero no sólo era eso: Carla supo comprenderme. Descifró de un vistazo mis necesidades y no sólo de tipo sexual. Sino más allá: El deseo de vivir una experiencia realmente única.

Respecto a lo demás… Bueno, ¿conocéis la canción Behind Closed Doors’  de Charlie Rich? Canta aquello de: ‘Cuando se apagan las luces nadie sabe lo que pasa detrás de las puertas cerradas’. Pues eso, no diré quién hizo qué, sólo os aseguro que fue la mejor noche de mi vida y por fin encontré aquello que llevaba tanto tiempo buscando.

Os lo debo a vosotros. Y por eso, hoy quiero daros las gracias.

Las gracias te las damos nosotros a tí por tus palabras. Y a los que estáis leyendo ésto. ¿A qué esperáis? En Marissa podemos haceros muy felices. Ya sabéis donde encontrarnos.